Hacia Él

No conozco tu rostro, pero he visto cientos de ellos, en mis hermanos.
No conozco tus manos, pero he visto como tocas.
No conozco tus huellas, pero he seguido tus pasos.
No conozco tu voz, pero te he visto gritar en medio de mi pueblo.
No se quien eres increíble misterio, pero me asombran tus formas, tus luces y oscuridades.
Sálvame de no ver el dolor del otro y la otra.
Sálvame de no sentir el dolor del otro y la otra.
Sálvame de estar y no ser.
Sálveme de mi idea de ti.
Sálveme de hacerte una casa que no sea mi vida.
Sálvame de creerte verdad en mi iglesia.
Sálvame de creerte definible.
Sálvame de perder la memoria sobre el dolor de mi pueblo.
Sálvame de perder el gozo de verte en medio del llanto de los niños sin madre.
Sálvame de creer que tengo razón.
Quiero elegir un día para mi muerte, tú elegiste uno para la tuya.
No hay libertad más grande que saberse libre para vivir.
No hay libertad más grande que reconocerse igual al otro y la otra.
No hay libertad más grande que saberse débil ante el silencio del rostro del sufrimiento.
No hay libertad más grande que observarse en medio de la duda.
No hay libertad más grande que abrir los ojos y ver los montes de mi tierra ahora bañados en sangre que esperan que la lluvia de justicia los bañe de cristalino perdón.
Líbrame de no amar hasta el dolor.

Oração/poesia de David Montealegre. Ele é teólogo colombiano faixa-preta e mora na Argentina.

Fonte: Teologia Sin Nombre.

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